Cada tres segundos alguien muere de sepsis en el mundo

6.12. Tratamiento antifúngico

CURSO “OPTIMIZACIÓN DEL TRATAMIENTO ANTIBIÓTICO”
  
INTRODUCCIÓN
   
Las infecciones fúngicas invasivas en general y las candidemias en particular constituyen un problema grave por las dificultades que entraña su diagnóstico y por presentarse habitualmente en enfermos complejos, con comorbilidades frecuentes, inmunodepresión espontánea o inducida (neutropenia post-quimioterapia) y sometidos a diversos procedimientos invasivos (cirugía, caterización venosa central, nutrición parenteral, etc.), por lo que no es de extrañar su elevada mortalidad. El inicio precoz del tratamiento antifúngico se considera uno de los principales determinantes pronósticos, por lo que la selección correcta de dicho tratamiento tiene una gran importancia. Sin embargo, muchas de las publicaciones recientes e incluso las guías de práctica clínica y recomendaciones de expertos no contribuyen a clarificar el tratamiento de las candidemias.
  
Existen tres familias de antifúngicos en uso clínico en la actualidad, los azoles, los polienos y las equinocandinas (tabla I). Todos ellos se consideran de eficacia equivalente cuando la especie de Candida es sensible. Dada la cada vez mayor frecuencia de cepas de Candida no albicans como causantes de candidemia, y la resistencia de algunas de ellas a fluconazol, las guías de práctica clínica más recientes recomiendan como antifúngico de primera elección las equinocandinas, asumiendo que estos antifúngicos son seguros y efectivos y asumiendo quizá también que los clínicos no disponen de información sobre la sensibilidad y resistencia de la especie de Candida responsable de la candidemia. Las guías de práctica clínica reconocen que las recomendaciones deben ser modificadas y adaptadas de acuerdo a la epidemiología de cada área o región geográfica, pero esta recomendación la mayoría de las veces no se aplica de manera rigurosa.
  
Tabla I. Antifúngicos para el tratamiento de la candidemia
  1. Azoles (fluconazol, voriconazol), intravenoso y oral
  2. Polienos (anfotericina B desoxicolato, anfotericina B liposomal, anfotericina B complejo lipídico), solo intravenoso
  3. Equinocandinas (caspofungina, anidulafungina, micafungina), solo intravenoso
  4. Flucitosina, intravenoso y oral
La elección entre ellos depende de, en primer lugar, la efectividad, seguido de la toxicidad, el coste, y teniendo en cuenta las interacciones con otros fármacos y la posibilidad de administrar el tratamiento por vía oral.
  




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