Cada tres segundos alguien muere de sepsis en el mundo

1.04. Monitorización del consumo de antibióticos y la microbiología local

CURSO “OPTIMIZACIÓN DEL TRATAMIENTO ANTIBIÓTICO”
   
IMPORTANCIA DE LA MONITORIZACIÓN
   
“El daño colateral del uso de antibióticos es la resistencia”. Pero este daño puede reducirse, al tiempo que se mejora el pronóstico de los enfermos, mediante programas dirigidos a la optimización del tratamiento antibiótico. Muchos ponen a menudo el énfasis en la importancia de preservar la efectividad de los fármacos para el futuro, de evitar la aparición rápida de resistencias en el hospital, o de reducir costes. Sin embargo, el primer objetivo y la principal ventaja de la optimización del tratamiento antibiótico es mejorar el pronóstico inmediato de nuestros enfermos, porque la optimización del tratamiento antibiótico significa emplear el mejor fármaco para tratar su infección, a las dosis más correctas, por la vía de administración más adecuada y durante el periodo de tiempo necesario [1]. Por otra parte, el efecto de seguir una política racional de antibióticos en el hospital sobre la ecología bacteriana se aprecia a corto plazo.
   
A fin de hacer un mejor uso de los antibióticos, de escoger los mejores fármacos para cada infección en un paciente determinado, es necesario conocer la “ecología local”, esto es, cuáles son los microorganismos que producen las infecciones más frecuentes, tanto en el ámbito comunitario como en el hospitalario, y los patrones de sensibilidades y resistencias habituales de dichos microorganismos en nuestro ámbito, que pueden ser bien distintos de los de otros lugares y de los que se recogen en las guías de práctica clínica. Además no se trata de obtener una foto estática, sino de monitorizar la evolución en el tiempo, analizar e informar periódicamente de dichos datos.
   
La aportación voluntaria de esta información local en bases de datos multicéntricas permite trazar los mapas de áreas geográficas, como el EARS-Net europeo, o de áreas de hospitalización específicas, como el registro ENVIN-UCI de la SEMICYUC (actualmente integrado en el programa HELICS europeo), que publica anualmente los datos de aislamientos, sensibilidades y resistencias de gran parte de las unidades de cuidados intensivos españolas. Por otra parte, estos registros multicéntricos permiten comprobar las grandes diferencias existentes entre países y entre hospitales del mismo país e incluso el mismo área geográfica, confirmando la necesidad de conocer y emplear la ecología local para la prescripción empírica de antibióticos.
   
Junto a la monitorización de la ecología local es necesario medir simultáneamente el consumo de antibióticos, para poner en relación ambos datos [2]. Habitualmente el uso excesivo de un grupo determinado de antibióticos es responsable del aumento de resistencias a dicho grupo e incluso a otros (resistencia cruzada), a través de los mecanismos de resistencia discutidos en el capítulo 1.1. Adicionalmente, como consecuencia de la “presión de selección”, que tiende a hacer que prevalezcan determinados microorganismos cuando por el uso excesivo de un fármaco se limita el desarrollo de otros microorganismos, el conocimiento del consumo de antibióticos permite predecir la evolución futura de la ecología local, y mediante la detección de desviaciones en el uso de antibióticos, implantar medidas de política antibiótica para evitar esos cambios ecológicos desfavorables.
   
Dada la influencia del uso de antibióticos sobre la ecología local, se han propuesto distintas políticas de antibióticos para modificarla, evitando el desarrollo de resistencias. Entre estas propuestas se encuentran las medidas restrictivas (limitar el uso de determinados grupos de antibióticos), solas o asociadas a cambios periódicos en el uso de antibióticos (“rotación”). Esta medidas no se han mostrado muy efectivas, y hoy en día se considera que la mejor política es la “diversificación” (emplear un mayor número de grupos de antibióticos mejor que solo unos pocos), bien mediante políticas activas de intervención, bien monitorizando el consumo e introduciendo medidas correctoras solo cuando se detecta una polarización del uso de antibióticos hacia una sola familia, cosa que a veces ocurre, tanto en el medio hospitalario como en el ambulatorio, como consecuencia de la presión de la industria farmacéutica y de sesgos en la formación de los profesionales prescriptores.
   
No vamos a detallar aquí los métodos seguidos para medir el consumo de antibióticos. El usado más a menudo es la “DDD”, dosis diaria definida, que es la dosis habitual recomendada para tratar un adulto durante un día. Este valor, el número de DDD consumido, se pone en relación con el número de estancias hospitalarias durante el periodo de medición. Aunque se ha empleado para comparar instituciones y países, la mayor utilidad de estos sistemas de medida es la monitorización en el tiempo en cada centro del consumo de los principales grupos de antibióticos para poder definir una política de antibióticos local adaptada a las circunstancias de cada momento. El cálculo de la DDD no tiene utilidad en poblaciones especiales en que no se aplican las dosis estándar, como la pediátrica o los pacientes en insuficiencia renal.
 
BIBLIOGRAFÍA
  1. Programas de optimización del uso de antibióticos (PROA) en hospitales españoles: documento de consenso GEIH-SEIMC, SEFH y SEMPSPH. Rodriguez-Baño J, Pano-Pardo JR, Alvarez-Rocha L, Asensio A, Calbo E, Cercenado E, Cisneros JM, Cobo J, Delgado O, Garnacho-Montero J, Grau S, Horcajada JP, Hornero A, Murillas-Angoiti J, Oliver A, Padilla B, Pasquau J, Pujol M, Ruiz-Garbajosa P, San Juan R, Sierra R, Grupo de Estudio de la Infección Hospitalaria-Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria, Sociedad Española de Medicina Preventiva e Higiene. Enferm Infecc Microbiol Clin 2012; 30(1): 22 e21-22 e23. [PubMed] [Texto completo]
  2. How to measure and monitor antimicrobial consumption and resistance. Grau S, Bou G, Fondevilla E, Nicolas J, Rodriguez-Maresca M, Martinez-Martinez L. Enferm Infecc Microbiol Clin 2013; 31 (Suppl 4): 16-24. [PubMed] [Texto completo]
    

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